Aquí va mi relato de esta:
Entras al edificio, se conocen los pasillos, la mayoría de
las aulas y por su puesto la “plaza central”, volteas a ver, atrás se encuentra
“el muro” y “la rotonda”, sabes más que nadie cuentos chismes, historias,
confesiones, tareas y otras cosas menos pudorosas que se pueden mencionar aquí
como lo es los agarres, toqueadera extrema y emociones sexuales debidamente
uniformadas al albur de la madrugada.
Llegas al “parque central” dirías vos, y ves caras
conocidas, gente que lleva años, desde que entraste hasta ahorita que vas en
último año, que se han sentado ahí cual pilar del edificio, no sabes que
estudian, porque estudian pero en el catálogo de estadísticas son ese punto porcentual
que no te termina de cuadrar.
Un grupo de gente, amontonada por los horaularios (creo que
esa palabra no se usa en otra facultad más que en la mía, pero no estoy seguro)
asegurando y perjurando que fulanito es el catedrático titular de la cátedra
cuando en efecto él no es. Corriendo para llegar a tiempo al M3 o al S7 (es que
ahí estudian ahora) y no saber ni siquiera en que edificio están parados.
Salís encendes un cigarro, una joven se te acerca y te
pregunta: “ A la disculpá, tu tendrás alguna aydia de donde queda el edificio
S4, dicen que es de Humanidades, osea”; contestas con una sonrisa y en tu mente
la típica clasificación de rubia estúpida, y simplemente decis: “Estas parada
frente a el…” el Mamita rica por educación lo decis solo en tu mente, pero
tus ojos se pierden en el escote que será la locura de un catedrático y la
oferta para ganar el curso. Siempre es así.
Sonreís, siempre es así el primer semestre, el primer año,
gente imbécil, estúpida y tarada que llegan a ocupar lugares que alguien más
podría ocupar, gente desertora del primer parcial, gente que por eternas
memorias intentará sacar Lógica filosófica.
Recordas tu primera clase: “La Ilíada para el próximo
jueves, jóvenes…” corriste apresuradamente a la Biblioteca Central, sacaste la
copia, encontraste un lugar que vendieran café, lo compraste, te sentaste, un
sorbo de café y un jalón del cigarro, la lectura empezó…
Ahora sabes que la Ilíada se leen en segundo semestres, no
en primero. La catedrática de la clase que toca ahora pasa enfrente, te saluda
y con una mirada te dice que botes el cigarro y vayas a la clase, entras tus
compañeros te esperan, los tres en el salón frente a ella, pegados a la pared y
25 escritorios más vacios con almas en pena que se morían por leer cuentos sin
final. Sabés que es así, siempre es así el último año, de siete alumnos no
pasan las clases.
Sos un genio Jairo xD. A vos gracias por aceptar la invitación, y a Panxo gracias por (abusivamente) incluirse en este proyecto. Por cierto, a mí me pasó al revés, no sonreía, hasta hace unos 6 meses...
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