lunes, 4 de noviembre de 2013

Nota del corrector 19


Y así pasan los días... diría aquel viejo bolero, que cantando en una noche, nos recordó que la vida es igual pero distinta, que somos parte del círculo vicioso que se llena y que se vacía, pero siempre con heridas profundas.

A pocos días de terminar, quiero sonreír y ver lo que he caminado, tal vez sentarme en una banca y repasar los primeros pasos hasta los del día de hoy. Quiero recordar y vivir como si fuera tanto tiempo atrás. No se si para bien o para mal, pero la situación es incorruptible, innegable, ha avanzado.

Sonreía más a menudo pero la vida me sobrepasa segundo a segundo, hay mucha gente que encontré y que abandoné en el camino, nunca hubo alguien que estuviera de más o de menos, siempre eran necesarias. Recordar los olores y las preguntas, el tiempo que sabe a indiferencia y suicidios masivos de libros por no ser leídos es lo que queda después de tanto tiempo. Sentarme, respirar, leer, fumar, vivir y gozar, es lo que quiero.

La vida, sin tregua alguna, supera las capacidades del hombre y del hombre que se supera a sí mismo día tras días, minuto tras minuto en un vaivén de emociones y de prácticas terroristas hacia la intelectualidad de que es capaz.

Ya queda lo último, y después de lo último lo nuevo, lo virgen, lo primerizo, queda lo que sobra y falta, lo que mueve, lo que impulsa, lo que mata, lo que se siente y lo que atañe.

Quedan historias pendientes, que muertas en el tintero sonríen alegres, porque otros vendrán y las escribirán, quedan vacías las historias que se cumplieron, y que faltaran 10 años más para que se repitan, quedan las lágrimas, gritos y risas en las paredes, y los lamentos en las bancas de enfrente, que supuran tristeza y amor por partes iguales, desterradas.

Quedan historias sin fin y otras con finales tristes que se reparten por las sonrisas de los comensales, quedan las fotocopias viejas, los libros vencidos, los idiotas en el teléfono y los victimarios en las bancas esperando comprar fusiles de palabras para masacrarte. Queda eso y nada más.

Las historias conclusas y concluidas se juntan y se hacen, se revuelven, se evaporan y resurgen como el fénix tras la noche estrellada. Supuran ideas, dejan de ser conceptuales, dejan de ser reales, dejan de ser imaginables y son lo que son.

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