jueves, 16 de mayo de 2013

Nota del corrector 15

Miles de generaciones han pasado, besos a ciegos momentos incómodos perforan el alma y te hacen sentir un vacío inexistente, platónico, que se vuelve lo más real en las situaciones por debajo de la mesa.

Recuerdos transcurridos se van forjando en las piedras de elipses, de las diosas mortales que tras el último cigarrillo prenden el vuelo a los panteones de dioses, que con un gesto empiezan la copulación de ideas, de orgasmos mentales que sacuden al planeta. Después de este heroico momento es cuando aparecemos, vos, yo, nosotros, ustedes, aquellos, el, ella, tú (pronombres personales categorizando situaciones inconcretas). Respiras.

Caminas tiernamente, hacia el horizonte azul, sobrepuesto en un edificio color crema y el "azul de la nación en el techo", rechinas los dientes y por más que quieras evitar acercarte, llega la hora final, estas ahí, parado cual pendejo en busca de una situación incómoda/cómoda yuxtapuesta en sentido contrario al sintagma dominante del ver caer.

Respiras, caminas, llegas, te aplastas, enciendes el cigarro de siempre, llegan, se aplastan, cruzan miradas y luego, sólo luego, retumban los tímpanos.. ¿Qué onda muchá?... el largo comienzo de ponerse al día, siete personas en menos de 15 minutos, algunos no hablan y los que hablan, hablan de más.

Terminan los 15 minutos introductorios y luego cual peones en tablero avanzan uniformemente hacia las magníficas aulas del saber, repleta de gente ingonarante y con un signo de interrogación en la mente... Supones, caminas,, palabras nuevas.

De repente el viejo sonido llega; "joven deje de dormirse en clase".


Un días más. 

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