Últimamente he pensado que la vida es un gran baile y que estamos aquí de paso, mostrando una escena, dando nuestro espectáculo para luego salir y dejar a otros hacer lo mismo.
¿Qué es de un baile sin la música? ¿qué es de esa majestuosa entrada sin la necesidad intrínseca de mover los pies bajo una melodía?
Hoy, más que nunca, siento que mi vida es como el Boléro del maestrísimo Maurice Ravel.
Siento más que nunca esas notas en mi vida.
Siento la repetitividad de cada una.
Siento el mismo sentimiento que me vuelve a invadir.
Siento la misma necesidad que me invita a no rendir.
Siento la tonada que alienta a más.
Siento la fuerza que crece, porque sabe que viene algo más adelante.
Siento la majestuosidad, porque la vida cada día es más bella e interesante.
Siento la complejidad de la armonía de estar todos juntos, porque es la integración que se hace una con el tiempo y la perfección.
Siento la dirección de un líder, que me lleva y me dice hacia donde voy y hasta cuando tocar.
Siento el poder.
Siento la belleza.
Siento la fuerza.
Siento mi vida.
Me siento yo.
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